[one_full last=”yes” spacing=”yes” center_content=”no” hide_on_mobile=”no” background_color=”” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” background_position=”left top” hover_type=”none” link=”” border_position=”all” border_size=”0px” border_color=”” border_style=”” padding=”” margin_top=”” margin_bottom=”” animation_type=”” animation_direction=”” animation_speed=”0.1″ animation_offset=”” class=”” id=””][fusion_text]1La calle se abría hacia el infinito delante de nosotros. Me encandiló un poco la luz, al salir, pero me fui adaptando. Caminábamos los 5 por la mitad de la calle  – recuerdo, no sé si fue literalmente así, o es la imagen que se me quedó grabada en la mente -, sin decir palabra, simplemente alejándonos de aquel lugar que nos había tenido encerrados por 3 días. Nunca antes había estado preso, y nunca más lo volví a estar, pero esa experiencia, en aquellos años, en plena dictadura de los años 70, en mi paisito de origen – Uruguay – fue traumática.

De hecho al llegar a casa de mis padres – a unas horas de viaje de aquel lugar – lo primero que hice fue quemar unos dibujos, artículos de periódicos y cosas escritas por mi, que me parecieron pudieran ser comprometedoras en el caso de que los militares volvieran a prenderme.  En unas pocas horas más ya había cruzado el río Uruguay, y respiraba con más tranquilidad en el vecino país de Argentiana.

Pero comencemos a contar todo desde el principio, al menos desde el principio de esta historia, 4 días antes de que nos soltaran.

Yo estaba de vacaciones en Uruguay – vivía en España – y habíamos formado con unos amigos, un grupo musical donde interpretábamos canciones de nuestra autoría.
Nos habían invitado a dar un concierto en un espacio público – una pizzería céntrica, en una ciudad del interior del país – y no bien terminada nuestra actuación, recuerdo que se me acercó una persona que me dijo : – apúrate, recoge tus cosas, que tus compañeros ya están afuera esperándote.

Salí a la calle con mi guitarra y mi bolso donde guardaba las letras de mis canciones y el señor que me acompañaba me señaló un camión que estaba a la puerta de la pizzería. Subí por detrás, y vi sentados, en las dos bandas del camión, a mis 4 amigos, y entre ellos, soldados, con sendos rifles en sus manos.

No dijimos una sola palabra en el viaje. Nos condujeron a un lugar – recuero que bastante oscuro – y nos pusieron a todos de espalda, mirando la pared.
Todo fue tan rápido que apenas pude reaccionar. Recuerdo que alguno de mis compañeros sollozaba…

El siguiente recuerdo que tengo en mi mente, es el de un calabozo vacío desde el que divisaba del otro lado del pasillo, dos celdas en la que podía ver a dos de mis compañeros. Solo podíamos comunicarnos por señas, y cuidando no ser descubiertos.

Uno a uno fueron desfilando mis compañeros hacia un primer interrogatorio, supuse. Yo fui el último en ser llamado a declarar. Al venir a buscarme, me dijo el soldado : – vamos, vamos..que tus amigos ya han cantado todo, así que solo te falta hablar a vos.
( continuará )[/fusion_text][/one_full]